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Tengo el smartphone más infeliz del mundo, cumple excelente con las funciones extras de un celular y es muy eficiente pero lo que él quiere, lo que él desea es recibir llamadas.
El mes de abril terminó y no fue muy productivo en entradas, así es que me obligo a realizar una entrada más –aunque no entre en el mes de Abril– para que no se vea mi falta de disciplina que parece me alejo poco a poco de escribir acerca de la vida, del amor, de la muerte. La anterior entrada trató acerca de ese somebody que todos esperan y que puede ser de manera sexual, en forma de amistad y la deseable que es en el amor (que puede ser el complemento de las dos anteriores). Ahora (a sugerencia de una amiga), escribiré de tener amigos en diferentes lugares ya que es mi caso y ha sido muy divertido, curioso, raro, o normal el mantener amistades de años a pesar de no estar físicamente en el mismo lugar o en la misma ciudad o el mismo país.
Para escribir de esto debo hablar un poco de mí…
Puedo decir, orgullosamente, que tengo amistades de varios años, algunos desde primaria, algunos desde prepa y algunos de universidad. No quiero decir que soy señor popular, lo que quiero decir es que hay amigos con los que mantengo más relación y trato de cuidar esa amistad porque esas personas las valoro enormemente. Creo que estas amistades te recuerdan tu origen, tus mejores y peores momentos y te empujan a mejorar y no perder los objetivos. Estas amistades no son sólo de un lugar, todas ellas viven en diferentes ciudades y esto se debe a que viví en Orizaba, estudié la universidad en Monterrey y ahora vivo en el DF, por lo que quiere decir que se complica compartir una charla señorial con ellos, ya que uno se va haciendo de responsabilidades pero siempre se encuentra el tiempo.
Creo que hay dos formas de distanciamientos, la primera es la escuela y la segunda es la geografía. Aunque algunas veces van de la mano, el punto es que imponen reto a la amistad.
Escuela. Considero que la primera vez que te encuentras con el reto de enfrentar las distancias –aunque sean cortas– es cuando cambias de escuela o entras a un nuevo grado (secundaria, prepa, universidad). Te das cuenta que habrá nuevas experiencias que no compartirás con tus amigos y que sólo las podrás charlar con ellos y viceversa. Pero es esa distancia que puede hacer más fuerte la amistad ya que será excusa para poderse reunir un fin de semana, un día random, llamarle por teléfono o muchas más opciones con esto de los smartphones/tecnología. Eso me sucedió a mí, traté mil formas de platicar con ellos lo relevante –que se divide en momentos de gracia o pena ajena– de nuestras vidas, sea con una tarde de café, una llamada, un mensaje, un e-mail, un inbox y demás formas. Así mi caso, que mis amigos de la primaria/secundaria y yo tratamos de juntarnos aunque sea una vez al año para saber de nuestras vidas, el chisme de aquellos a quienes le perdimos la pista y recordar las estupideces de nuestra infancia y adolescencia. De igual forma sucede con amigos de la preparatoria, aunque algunos de ellos también se movieron a Monterrey.
Claro que hay su contraparte y es que algunas amistades se suelen perder y finito, se queda en el amigo de la primaria, el amigo de la secundaria que ya no se sabe que fue de su vida y que ahora se desconoce porque no hay mucho que compartir.
Geografía. El moverse a otra ciudad también es un factor a que las amistades se fortalezca o queden como un buen recuerdo. En mi caso, me mude a otra ciudad para estudiar la universidad y me enfrenté a cosas nuevas –vivir lejos de los padres, cocinarte, lavar tu ropa, etc– y una de ellas es hacer amigos y mantener el contacto con los que uno dejo en casa. Y similar al distanciamiento por estar en otra escuela, existen las formas de mantener esa comunicación y sentir que no existen kilómetros entre uno y los amigos. Llamadas por teléfono de una hora, videollamadas nocturnas por Skype, mensajes por cualquier red social o cuando se daba la oportunidad de regresar a casa, tener tiempo de calidad y pasar un día entero juntos en la plática de siempre. No se puede enfrentar a la geografía y mover placas tectónicas para poder llegar al mismo lugar de nuestros amigos; se podrá perder cumpleaños, fiestas, reuniones y demás eventos –con ellos también recuerdos– pero siempre existe el tiempo para disfrutar la amistad.
Ahora que he terminado la escuela –por el momento– vivo con la geografía como distanciamiento y debo aceptar que no es del todo fácil el mantener contacto con los amigos. La comunicación la tenemos a través de Whatsapp, de Facebook, de Twitter, de Skype, por teléfono y esos rápidos encuentros cuando coincidimos en el mismo lugar pero uno tiene la obligación de nutrir esa amistad. Siempre hay tiempo para todo y para todos aquellos que han estado en nuestra vida.
Los amigos siempre estarán ahí sin necesidad de que los llames, cada que uno se sienta en la soledad hay que recordar todas esas amistades que se tiene y darse cuenta que uno no está solo.
«La amistad es más difícil y más rara que el amor. Por eso, hay que salvarla como sea»
Alberto Moravia
