Todo tranquilo

Llegar al sitio y pensar que tal vez haya suerte.
Si todo estuviera iluminado, el lugar perdería esa fantasía.
La misma que otorga el alcohol, la música a altos niveles y las luces rojas, azules y blancas. 

Veo las miradas de unos a otros.
El cómo se acercan, se hablan y se relacionan, convirtiéndose en los grandes amigos de una noche. Se vuelven cómplices con cada minuto que pasan juntos y de repente tienen secretos, trucos y bromas que solo ellos entenderán, aunque al día siguiente se olviden.

Cerveza amarga, tragos de ginebra mal preparados, un par de go-gos y la noche avanza.
Qué si esto es lo que pasa cada fin de semana, qué si siempre son las mismas personas que vienen a olvidar la monotonía de un lunes a viernes, qué si esta diversión es solo sobreactuar. 

Aceptar el rechazo, mostrarse vulnerable y ser uno mismo.
Sin embargo, lo más fácil es construirse una coraza, un personaje nocturno y mentirse. Vuelvo a mirar y me encuentro rodeado de adolescentes deseando ser amados, ser notados por alguien más, ser libres, pero temerosos de lo que pueda pasar. 

¿Cómo llegamos hasta aquí?
Violentos y torpes, mal expresando el placer, el cariño, la soledad, la ilusión y muchos más sentimientos que vamos confundiendo.