De la vida, de la muerte en domingo

Pasan los días de una pandemia. Pasan los días de la vida.

¿Qué es la vida?

Lo primero que viene a mi mente: «vida es una muerte por vivir». No recuerdo dónde escuché o leí esta frase, pero reverbera cuando alguien hace notar la brevedad de nuestra existencia en este tiempo. En todo el tiempo.

Pienso que somos menos que un suspiro. Tan breve es el tiempo que pasa desde que nacemos a nuestra muerte. Un 0 y un 1, un encendido y un apagado.

Muchas personas han sido arrebatadas de su tiempo y otras decidieron no seguir.

Creo hay tres tipos de personas: las inertes, las detenidas y las decididas.

Ninguna es más que otra. Ni siquiera debería pensar en grupos, pero es la constante manía de querer catalogar lo que observamos. De señalar las diferencias, las similitudes y lo desconocido. De otorgar valor a lo que se hace, se dice, se piensa.

Regreso. Si quiero detenerme de señalar, de catalogar, de agrupar; mejor decir: «Somos menos que un suspiro».

Entonces ¿para que seguir?

Mejor tomar la decisión. Esa decisión en ese momento donde todo parece sin solución, sin sentido, sin camino. Sin embargo, es muy fácil pensarlo.

También es fácil hablar de uno, de lo que puede o no suceder. Lo no tan fácil es pensar en quienes nos rodean, de quienes son parte de nuestro pasar en este tiempo, de ver como vamos creciendo, alejándonos de nuestro nacimiento, mientras otras se acercan a su muerte.

Doloroso. La muerte siempre es un arrebato.

Pienso también que alargamos ese suspiro hasta volverlo un respirar por las personas que amamos y que nos aman, esas que llegaron antes o después de nuestro tiempo y tratan de preservar la historia de uno.

Estamos hechos de alegrías, de amores, de heridas, de deseos realizados y anhelados, de frustraciones y algunas veces de desesperanza. Una prolífica brevedad.

Soy una muerte por vivir y soy menos que un suspiro.