Siempre termino culpando al café, otras a mi trabajo y otras más a las personas en general.
Despierto y no quiero ir al trabajo, despierto y lo que menos quiero es salir de la cama o de la casa.
Estoy cansado, pero es mi culpa. Pasé la noche viendo series en lo que llegaba el sueño.
Me tranquilizo, me levanto y me voy al trabajo (Paralelismo). No es el mejor trabajo, porque realmente no me gusta del todo; aún no sé lo que quiero hacer.
Veo la bandeja de correos. Unos no son tan importantes, otros tengo que responder… Escribo, borro y vuelvo a escribir. Verifico mis verbos tanto en inglés como en español. No los quiero enviar, tengo un poco de temor; dar click a “Enviar” es uno de mis miedos. Me siento más tranquilo si los programo o los dejo en bandeja para ser enviados más tarde.
Se abre Illustrator, Photoshop y las miles de carpetas con fotos, logos, viejos proyectos. Me enfrento ante mensajes que no me inspiran.
Me pregunto: ¿Qué realmente me inspira?
Tengo reuniones… Tengo logos, imágenes e ideas por hacer.
Mi mano tiembla.
