¿Cómo estás? Tiene mucho que no sé de ti. Bueno… sé poco por redes sociales pero nunca es lo mismo.
Esta semana me he acordado mucho de ti, específicamente de tus estupideces y cosas como fumar o comerte las uñas –¿continuas haciéndolo?–. Así que decidí escribirte unas palabras porque sabes que me gusta escribir, nada más para saber qué de tu vida y si todo está bien, si todo excelente, y que si las galletas de tu mamá –realmente quiero unas galletas y dile le mando saludos–.
Al recordarte, también recordé lo difícil que fueron esos proyectos de programación, aquellas salidas sin razón por todo Monterrey y esas tonterías que pasaban por perseguir a Natalia Lafourcade.
Me pareció necesario saludarte porque eres uno de mis pocos amigos hombres que he tenido. Ya sabes que soy un cursi, un romántico, un lo-que-quieras-llamarme y nunca está de más un update de nuestras vidas.
Hablando un poco de mi vida en esta gran ciudad, todo va bien: conociendo gente, odiando a los compañeros de trabajo, aprendiendo nuevas cosas, nuevos temas, saliendo a nuevos lugares, tomando demasiado, fumando demasiado. Una segunda adolescencia parece es lo que estoy viviendo.
Me siento muy bien, me siento alegre con lo que tengo, con quien soy, con todo lo que hago y eso es parece buena señal. Yo creo. Claro tengo más planes a corto plazo que espero se logren de manera exitosa. Ya todo acerca de mí.
Creo es una de mis mejores etapas.
Puede que sea raro el que te escriba de repente –dímelo si es así– y más después de un tiempo de no saber de mi, ni yo de ti. No recuerdo cuándo fue la última vez que platicamos. No lo recuerdo. Iré a Mty para diciembre, igual y podemos coincidir en un sitio.
Tomarse una cerveza, platicar, qué sé yo… o ir a tomar un café en plan señorial. Si se puede, tú toma la decisión y yo encantado.
Como es inbox, te llegará justo después de dar ‘enviar’, pero tú tranquilo y yo nervioso. Yo siempre espero y puedo esperar una respuesta.
Sólo termino diciendo: ¿Qué tal tú?
