Dórica, Jónica, Corintia

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Al principio es difícil identificar aquellos órdenes clásicos que los griegos dejaron en su paso por el mundo.

Conceptos que terminan por memorizarse visualmente para poder pasar un examen de historia del arte, conocimiento que se pone aprueba cada vez que uno se encuentra frente a una edificación con columnas y algo más que se ha registrado en la mente que a veces sale para que uno se haga la misma pregunta: ¿cuál es dórico, jónico y corintio?

La duda existe, uno recuerda el orden, uno puede estar en lo correcto y uno busca en Google, pero la duda siempre gana. No pienso más en las columnas, pienso en la duda, pero pienso y siento el agotamiento, tanto mental como físico, que deja el cuestionarse.

Escribo siempre de todo y nada para llegar a lo que realmente quiero expresar, en este momento me encuentro agotado de pensar en lo que quiero dedicarme, de identificar quién soy y dónde estoy parado, de proyectar los escenarios y lugares en los que puedo existir y dejar de lado el miedo para hacer el diseño de mi vida.

Agotado pero motivado. Ese querer hacer y ser, pero arrastrándome en el suelo deseando detenerme por un rato para recuperarme.

La perspectiva cambia estando en el suelo, parece no tener fin el horizonte; sin embargo, siempre hay personas que nos ayudan a levantarnos por un rato y mostrarnos que el horizonte siempre estará ahí, que eso no es lo importante,  y mejor disfrutar del camino y que mejor si es a pie.

Estoy agotado y queriendo saber que tipo de columnas soporta mi vida, si son dóricas, jónicas o corintias.