Mitad de semana laboral y una canción me ha puesto a reflexionar.
El huevo proxémico se rompe estando en el metrobús, la lluvia estalla justo mientras cruza Avenida Reforma, se cierran las ventanas y accesos de aire para que evitar que entre las gotas pero el calor y hedor humano se encierran mientras la playlist que voy escuchando me arroja unas palabras que las traduzco en muchas preguntas acerca de lo que hago de mi vida.
«[…] sólo quiero trabajar, ganar plata haciendo lo que a mí me sale bien.»
Acomodo esta pequeña parte de toda una canción –Estudiar y Trabajar de Ases Falsos– en mi cabeza y me hago una pregunta:
Joaquín ¿Qué es lo que sabes hacer bien? –Y que te pueda dar dinero–
Entro en modo existencial mientras hago equilibrio con todo mi cuerpo en un metrosardina y voy haciendo una lista mental de mis habilidades, incluso agrego una limitante: sin uso de tecnología. Ahora pensar en esa habilidades que no requieran tecnología, no ordenador, no cámaras, no smartphones, no nada.
Descarto el saber utilizar parte de la paquetería de Adobe, descarto mi búsqueda de música «nueva» del mundo, descarto el conocer las tendencias de Youtube, Twitter y demás páginas, descarto el utilizar bien los filtros de Instagram, descarto muchas cosas y me voy a lo que realmente sé hacer.
Realmente no sé.
Un ejercicio bastante interesante para mí y para muchas personas. Llego a casa después de establecer bien el ejercicio existencial y pienso. Al mismo tiempo hago de cenar.
Sé leer, sé escribir, sé observar.
Pienso en lo que he hecho en mi vida para saber el porque decidí estudiar Animación y Arte Digital, el porque leo los libros que leo, el porque pienso así de la vida, el porque soy gay.
«También sé cocinar», pienso mientras ceno.
Me doy un momento. Pienso en mis diarios, en mis dibujos, en como voy apreciando el mundo –mi mundo–, en como odio a las personas y como aprecio a mis amistades. Pongo una limitante más, conocer esas habilidades sin uso de tecnología y en un escenario distópico -tipo The Hunger Games y viviendo en el distrito 12-.
Sigo pensando y me lamento no haber aprendido un oficio.
Sé leer, sé escribir, sé observar -más o menos-, podría mejorar mucho en la cocina.
Con el tiempo podría ser escritor, narrar lo que estuviera viviendo o lo que otros estuvieran viviendo. Reflexiono. Entonces, no soy un escritor, me gusta el chisme.
Podría escribir y mejorar.
He mejorado. Podría publicar.
Después vendría el dinero, el necesario para vivir, para escribir, para seguir haciendo lo que hago bien y ser dueño de uno mismo.
