Café con leche

Alguien me dijo que realmente extrañaba a mi madre aunque no pareciera.

Esa persona tenía razón.

A veces se cree estar bien, sobrellevando lo no tan bueno de la vida, pensando que todo saldrá mejor si se espera un poco más. Al final, son decisiones que todas las personas toman.

Es un hecho que nunca nadie está solo, pero en ocasiones esas personas no se encuentran cerca y uno toma la decisión del aislamiento, de la amargura, del cinismo. Se piensa que da igual lo que uno diga, no importa sea bueno o sea malo, no hay interés por las personas que te rodean en el momento, no hay interés de lo que uno se supone está viviendo y haciendo. Así se crea un pensamiento en el que sólo ciertas personas y ciertos momentos valen la pena, la melancolía se abraza a uno.

Los momentos alegres son contados y son pocos, las risas son un privilegio, uno se convierte en un estuche vacío que vuelve a llenarse de vida cuando aprecia algo que ama, algo que gusta, algo que desea. Recuerda que uno podría estar en peores condiciones, en peores situaciones y que sólo es un momento. Hay que vivir, que actuar y hablar para continuar.

Pienso en alguna analogía para describir mis miles de pensamientos y sentimientos. Es como tomar la decisión de lavar un vaso, tal vez uno no quiera o posponga la acción por muchas las razones, pero te molesta ver ese vaso sucio; peor aún, te molesta no poder utilizarlo más cuando es lo único que tienes–por ahora–. Uno puede terminar con el «existencialismo del vaso sucio» (tal vez esto esté describiendo otra cosa)

No me he sentido bien. Tampoco me he soltado en lágrimas, mucho menos expresado mi enojo.

No estoy bien, nunca lo he estado, pero todo ha salido bien.

Deseo muchas cosas, por ahora lo que más deseo es un verdadero café con leche.

13423422_564726646985736_585858510_n