Siempre que uno quiere contar algo que es vergonzoso o que no quiere los demás sepan que la historia se trata de uno, se recurre a sacar al famoso «amigo de un amigo», al «primo de un amigo», al «algo de un amigo». No digo que este mal, pero creo que si ya es algo pasado está de más el tratar de hacer creerle a la gente que es de «alguien». Y ayudándome de ese «amigo de un amigo», les traigo una carta, una declaración de amor, una cursilería, una ñoñez que puede caer perfecto para algún guión de «La Rosa de Guadalupe», o si nos vamos más alto en un chick flick americano. Es cierto que lo siguiente les pueda hacer vomitar, pero al saber la historia y la situación se convierte en una estúpida y linda anécdota, como todas las que hemos pasado. Esta historia es la clásica del friendzoneo, donde la amistad es lo más importante y que se convierte (para una de las partes) en el famoso AMOR IMAGINARIO. Al final, si las palabras de esta «carta» son verdaderamente dramáticas, bajo-autoestimaras y cursis, o son palabras que se convirtieron en una sincera muestra de alguien enamorado queda en ese «amigo de un amigo».
Quiero decirte que me alegra haberte conocido y me alegra hayas no aprobado esos dos cursos, sino te hubieras evitado esto y no te hubiera conocido, ni llegado a este momento. He empezado a quererte y aunque trate, el sentimiento crece. Yo no quiero evitar tus alegrías, pero lo poco que me das (aunque no te des cuenta) lo valoro. Lo hago especial y lo recuerdo. Es tiempo de aclararme las cosas. Necesitas decir algo, tienes esa oportunidad, es la única y debes aprovecharla. Te mira con esos ojos, te pierdes un rato y después escuchas que pregunta qué sucede. Te desvaneces por dos segundos o más y te incorporas. ¿Qué dices? No le dices algo y te callas y prefieres mantenerte como estás. Soy tan conformista, me trago palabras y me mantengo mirándole mientras el tema lo cambio o lo cambia. Me divierte, me alegra el día y me hace pensar. Es responsable, listo en lo que hace y muy bueno. Vale la pena conocerlo, es un desastre y muy distraído pero me enamoras de él. No está aquí, es lo que sé, pero me alegra saberlo porque así no le podré ver, no sentir lo que siento al verle y tenerlo cerca. Él sabe que tan importante es y que espacio tiene en mí. Y yo estoy bien. Me gusta verle, escucharle, brindarle mi punto de vista y saber que está todo bien. No quiero le pase algo, me agrada para que otras personas le hagan sentir mal. Y es que a veces nos mantenemos cerca de alguien. Y mucho que decir. La manera en que ríe, el humor tan simple pero tan gracioso, la manera en que camina, el olor a cigarro. Su desvelo y que no pueda despertar, el piercing que ya no usas y el movimiento de manos al no saber que hacer. Tu letra, tu mala redacción y falta de sinónimos, cuando te frustras que te tomas el cabello y tu mano que talla tu frente. Cuando te quejas de la distancia y los días que no quieres ir al trabajo, el no ir a clases, tus faltas casi reprobadas. La manera que escribo de ti, comer pollo sin hueso y sin pellejo, la confianza que me otorgas, lo difícil que te resulta hablar cuando algo te afecta o te hacer recordar, el hecho que te disculpes cuando no hay algo que disculpar. El ser tan Laissez Faire, tu imagen plasmada en tu cartera, tus lentes, tus ojos, tu barba y las uñas mordidas…
Después de copiar la carta a este blog, me di cuenta que el «amigo de un amigo» no sabía que decir, no sabía que respuesta tendría. Sus sentimientos estaban «claros» más no tenía la idea de como iniciar. Creo todos hemos pasado por esa situación, así que algunos se burlarán siendo la respuesta primera al identificarse en esta «declaración», otros más recordarán a personas y momentos y otros más no les hará algo. Sin embargo, creo que el enamorarse, siendo una palabra muy «fuerte», se debe sentir bien, como cuando uno cae de rodillas que hace movernos el cuerpo y todo el día se mantiene esa caída donde uno no sabe si es dolor o qué. Mucho mejor si ese amor es correspondido, como siempre he creído.