No cuesta nada

Hoy hice memoria de una situación que viví y que se relaciona al tener que ser sinceros, hablar las cosas y poder desprenderse de eso que está haciendo que uno se sienta mal. Es el tener que enfrentarse a hablar para después dar vuelta a la página.

Liberarse y aprender.

No es nada sencillo el poder expresar los sentimientos que uno tiene hacia otra persona, más cuando uno sabe que el NO es un hecho y que la amistad construida tiene un cambio (para bien o mal, uno nunca sabe). Cito una canción de Javiera Mena:

«Palabras, que nos cambian la vida,
un solo verso, y me cambia el sentimiento,
de lo que significan.»

Y es que a veces es necesario hablar antes de que ese sentimiento crezca, poder acabar con toda esa historia rosa que uno crea y saber si se realizará o simplemente aceptar que uno veía cosas donde no había algo. Existe el miedo. SIEMPRE. Pero ese miedo se debe recordar como el hecho que uno vive y que tiene sentimientos. Todo a la larga sale bien.

Creo que es muy fácil evitar los sentimientos, enfocarse a otros pensamientos y hacer como que no está sucediendo.

Al final es ignorarse uno mismo.

Esto no es sano, porque al revisar el «ya no siento algo» es incrementar todo. Uno hace drama, que se puede ver o no, y no se está tranquilo, mientras que la otra parte no se entera ni de cómo te vas a tu casa.

Al final, creo que si te liberas, si lo hablas, si expresas tus sentimientos sean hablado o no sé de que formas lo expreses y te ayuda, pues todo saldrá bien. Terminando en una relación, en una amistad, en una buena lección de vida, quién sabe.

La idea es estar bien con uno mismo, sentirse bien con uno mismo y disfrutar de ser uno mismo.

Tomar un café o una cerveza y ya.